Tráficos

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Diego Lagunilla

... Recurro al diccionario para orientarme, para ayudarme, para situarme, en torno a dicha palabra, a dicho concepto, a dicha noción; supongo que entiendo a qué se refiere, supongo que estimo en qué se traduce, supongo que considero en qué resuena, pero no en qué “a-suena”, en términos de sonido y de sonarse, es decir, una suerte de asonancia que a su vez expulsa, y retiene, como una asonancia hueca, perdida, desierta, y no clara, orientada, llena, como una asonancia que se escabulle, que se esfuma, que se desdibuja, como si nunca hubiera existido, como si nunca hubiera estado, como si nunca hubiera deambulado, errado, vagado, armonizado, a menos que detectemos lo que expelió, y recibió, a menos que averigüemos lo que segregó, y acogió, a menos que advirtamos lo que destiló, y mezcló, durante su especie de travesía, durante su suerte de periplo, durante su modo de itinerario, entre una y otra cosa, entre otra y una cosa, si es que en ese intervalo se puede hablar de cosa, o cosas, si es que en ese resquicio es factible determinar el hecho, si es que en esa coyuntura es preciso razonar la acción, quizá el punto está no en la cosa o las cosas que se trafican, se tratan, se especulan, sino en el espacio, el momento, el lapso entre unas y otras, entre otras y unas, en el instante en que tienen cuantía, pero en potencia, en el rato en que tienen valor, más no acto, en la pausa en que tienen interés, en latencia, en letargo, dado que no se ha consumado, dado que no se ha realizado, dado que no se ha ejecutado el intercambio, el reemplazo, el relevo, de unas por otras, de otras por unas, cuando el cambio es mutabilidad, aún, es variabilidad, todavía, es desequilibrio, tal cual, cuando es un no-algo, un no-algo complejo, un no-algo borroso, quizá, sea una suerte de corriente, seca, quizá una especie de flujo, paralizado, quizá un movimiento, estático, que por un lado contiene y por otro precipita, arroja, impele, ambas cualidades, ambos atributos, ambas antinomias, que se despliegan y se repliegan, que se repliegan y se despliegan, como si fuera una danza, una pantomima, una oscilación estacionaria, fija, sostenida, y por lo mismo, por lo más, permanente, definitiva, absoluta, eso si, mientras no emprenda, mientras no arranque, mientras no principie, asimismo, entre tanto no concluya, no remate, no resuelva, ya sea como mercadería, ya sea como insumo, como producto o como materia, como categoría, esto es, como una no-categoría, que cae, que sucumbe, que resiste mediante una no-clasificación, mediante una no-caracterización, mediante una no-tipificación, temporaria, transitoria, efímera, hasta que el ciclo, dentro del continuo, inicie, hasta que el continuo, dentro del ciclo, finalice, cuando la maleabilidad es rígidamente elástica, cuando la plasticidad es inquebrantablemente flexible, cuando la docilidad es indeleblemente borrada, porque no hay qué esfumar, porque no hay qué desvanecer, porque no hay qué evaporar, que gasificar, no hay nada, hay ausencia, hay falta, hay vacío, de relación, de intercambio, de trueque, de eso que muda, que transpone, que ubica, al que vende con el compra, al que adquiere con el que distribuye, al que reparte con el que acumula, con el que acopia, con el que atesora, durante ese lapso en que el lapso es lapso, valga la expresión, ya sea, linealmente hablando, como unos segundos, minutos, días o años, ya sea oblicuamente declarando, como unos no-segundos, no-minutos, no-días, no-años, como una especie de infinito autocontenido, en que las trazas, se caracterizan por su atemporalidad, por su inespacialidad, por su incalculabilidad; sean unas, sean las otras, sean otras y unas, sean ni unas, ni otras, su potencial factibilidad de ser y hacer, está, su potencial posibilidad de realizar, consta, su potencial aptitud de cumplir, figura, y eso, evidentemente, no se da en el momento de la acción, en el instante del hecho, en el rato del suceso, sino antes y después que se concrete, sino antes y después que se resuma, sino antes y después que se sintetice, cuando la maniobra es boceto, cuando el ejercicio es diseño, cuando la operación es imagen, entre onírica y real, entre real y onírica, cuando los materiales de dicho espacio, de dicho “ensueño”, de dicha quimera, lúcida, en algunos casos, confusa, en otros, se encuentran en una suerte de condensación, de destilación, de sedimentación, en que lo líquido se separa de lo seco, en que lo importante se destaca de lo desdeñable, en que lo negativo se diferencia de lo positivo, esto es, se distinguen como carga, como distribución, como habilidad que pesa y a su vez ordena, resume, especifica, sus polaridades tanto las contiguas como las apartadas, así como sus prácticas, sus disposiciones, sus destrezas, que por un lado, reprimen, y por otro permiten, que por un lado contienen y por otro despliegan, lo que podríamos denominar como lo etéreo de lo burdo, lo burdo de lo etéreo, lo que se desarrolla de lo que se enrolla, lo que se enrolla de lo que se desarrolla, es decir, lo que sucede en aquello que los contenidos administran, en aquello que los temas gestionan, en aquello que las cuestiones tramitan, a su propia manera, a su propia forma, a su propio estilo, entramado en sus propias reglas, en esas que ilimitan, limitando, descuidan, procurando, desvían, encaminando, hacia un supuesto objetivo, hacia un hipotético propósito, hacia una incierta aspiración, dado que en esa pausa, en esa suspensión, en esa tregua, no hay certidumbre, no hay seguridad, no hay garantía, de que los intercambios lleguen o salgan de “buen” puerto, de que las permutas canjeen lo que “tengan” que canjear, de que las compensaciones “equilibren” tanto sus propiedades activas como las pasivas, las pérdidas de las ganancias, los dividendos de los quebrantos, en otras palabras, que se conozca, que se asegure, que se afirme que el negocio, el interés, el trato fue exitoso, fue redituable, fue provechoso, para las partes involucradas, para los elementos implicados, para las fuerzas comprendidas en dicha ecuación, en dicho cálculo, en dicha composición, en dicha fase que finalmente sitúa, que definitivamente coloca, que terminantemente instala, en dicha fase en que se lleva a cabo el trueque, el cambio, el ejercicio para el que supuestamente están preparados, están entrenados, están educados, no importando si se requiere oficializarlo, certificarlo, aceptarlo, porque eso no incumbe, no interesa, no afecta, el punto está en deshacerse en los obstáculos, de todo aquello que dice por acá es el camino, por ahí es la ruta, por allá es la vía, de todo eso que marca reglamentos, que indica lineamientos, que inscribe regulaciones, de todo eso que pone estorbos, que pone inconvenientes, que pone objeciones, de todo eso que es “eso”, que es lo “otro”, de todo eso que ni es eso, ni es lo otro, sino es flujo, es movimiento, es corriente, es tendencia que se nutre del continuo, que se alimenta de la dinámica, de la mecánica, de esa que no frena, que no atranca, que no para, a menos que así se de, así pase, así suceda, más no se decida, se disponga, se prescriba, a menos que así ocurra, más no se provoque, a menos que así rompa, más no se quebrante, porque esa no es la idea, esa no es la intención, ese no es el propósito, sino que funcione, que convenga, que concuerde con los intereses de todos, con los motivos de todos, con los asuntos de todos, que se componen, disponen, solventan de todos esos objetos que no son objetos, de todos esos sujetos que no son sujetos, ni tampoco de todos esos objetos que son sujetos, y de todos esos sujetos que son objetos, aunque así se haga presente, aunque así se haga público, aunque así se haga evidente, contundente, incluso, concluyente, por la solidez de sus argumentos, por la firmeza de sus desenlaces, por la consistencia de sus secuelas, de esas que constituyen, de esas que instituyen, a través de permitir, de permitir-se hacer lo que se dice, de concebir, de concebir-se en lo que se expresa, de imaginar, de imaginar-se en lo que se garantiza, ya sea como solvencia, ya sea como soberanía, ya sea como libertad; como una suerte de componenda inerte, más no en tránsito, como una especie de arreglo en dependencia, más no en rebeldía, como un tipo de espectáculo típico, más no representativo o performativo, como todo eso, como todo aquello, como todo esto que hace no ser, siendo, como todo eso, como todo aquello que hace no hacer, haciendo, como todo eso, como todo aquello que hace no tener, teniendo, un conjunto, una particularidad, una amalgama de cosas, de bienes, y porqué no, también, de males, de calamidades, de infortunios que desconocen la desalineación de la dinámica, que incumplen el laberinto del galimatías, que inadvierten la apertura de romper, de infringir, de contravenir lo que se aguarda, lo que se estima, lo que se conviene, porque siempre se alejarán, porque siempre desaparecerán, porque siempre se apartarán, porque siempre serán algo por ser, porque siempre serán algo por hacer, porque siempre serán algo por tener, correspondiendo, una necesidad con otra, una carestía con otra, una falta con otra, lo cual se traduce en tanto que al final como al principio, la valía del negocio sume cero, la utilidad del interés multiplique nulo, la ganancia de la acción deduzca en desprecio, en despojo, en robo, que conlleva una alucinatoria obcecación, que tolera una fascinante especulación, que soporta una deslumbrante ofuscación, de la clase que delata, que destiñe, que revela un horizonte claro, llano, raso, una perspectiva cristalina, una apariencia diáfana, que provee de seguridad, que abastece de inmunidad, que suministra impunidad, en otras palabras, que adormece, que emboba, que engatusa, dando la sensación contraria, proporcionando la impresión opuesta, aportando la evocación adversa, la que anima, la que despabila, la que excita todo el interés, toda la diligencia, toda la ocupación, esa que es constante, decidida, resuelta a no parar, a no claudicar, a no renunciar, jamás, nunca, ni en la vida, ni en la muerte, al costo que sea, al precio que sea, al importe que sea, por supuesto, siempre en relación del valor en que se tase, de la estimación en que se ajuste, de la evaluación en que se determine, con base en esa ley, en esa condición, en esa disposición de la oferta y la demanda, de esa que supuestamente opera, maniobra, procede cubriendo exigencias, equilibrando intereses, igualando situaciones, circunstancias, contextos, cuando lo que sucede es lo contrario, lo reverso, lo inverso, una anarquía de fallas y omisiones, de grietas y ausencias, de intersticios e insuficiencias, que ni proceden, ni maniobran y ni operan, porque no tienen necesidad de hacerlo, no tienen necesidad de realizarlo, no tienen necesidad de efectuarlo, dado que son la matriz misma donde nada pasa, donde nada sobreviene, donde nada resulta, y no, donde pasa nada, donde sobreviene nada, donde resulta nada, por consiguiente, donde todo es posible, donde todo es viable, donde todo es asequible, deviniendo en múltiples representaciones, en diversas manifestaciones, en variadas exhibiciones, que al final, principio, son nada, que al principio, final, nada son, salvo en el momento, en el instante, en la pausa en que la vorágine de significaciones, el remolino de sentidos, el torbellino de interpretaciones hacen presumir que el supuesto es real, que la hipótesis es efectiva, que la conjetura es cierta, verdadera, auténtica, porque se describe, se caracteriza, se define; es lo que es, no es lo que no es, es lo que no es y no es lo que es, entonces ¿qué es?, un resto en intercambio, un remanente en trueque, un sobrante en permuta, en que su razón de ser, algo, se define por su capacidad de transformación, por su facultad de mutación, por su derecho de conversión, aunque no se entienda así, aunque no se comprenda así, aunque no se atienda así, hoy es algo, mañana será otra cosa, hoy es insumo mañana será su equivalente en papel, hoy es papel mañana moneda, hoy es moneda ayer fue su equivalente en horas trabajadas, hoy son horas trabajadas mañana será su equivalente en impuestos, hoy son impuestos anteayer fue su equivalente en disposiciones, hoy son disposiciones pasado mañana será su equivalente en ilusiones, hoy son ilusiones, pero ni mañana, ni pasado, sino ahora, ya, justamente, son decepciones, son desilusiones, son desencantos, esos que fantasean, esos que inventan, esos que sueñan con permanecer, esos que imaginan con persistir, esos que figuran con perseverar en un ambiente, en un contexto, en un entorno, donde todo lo que sobreviene es lo contrario a sus aspiraciones, donde todo lo que resulta es lo opuesto a sus anhelos, donde todo lo que sobresale es disímil con sus necesidades, porque siempre habrá algo nuevo, porque siempre habrá algo distinto, porque siempre habrá algo inédito, que disfrazará lo familiar como novedoso, que suplantará lo conocido por lo extraño, que reemplazará lo trillado por lo insólito, provocando evocaciones que son olvidos, generando omisiones que son reminiscencias, conformando presencias que son ausencias, en constante simulación, en constante maniobra, en constante disimulo, que se sustentan, mantienen y alimentan por los espejismos de la técnica, por las figuraciones del método, por las alucinaciones de la práctica, de todo eso que conforma, que estructura, que compone la costumbre de ignorar, la rutina de desconocer, la práctica de desdeñar, menospreciar, desechar lo que efectivamente es cardinal, lo que justamente es primordial, lo que precisamente es capital, porque marca la transición, la mutación, el cambio entre los estadios, entre las etapas, entre los periodos; donde esa solidez, palpable, tangible, evidente conmuta en debilidad, en carencia, en insuficiencia, por consiguiente inasequible, intocable, incierta, donde esa obstinación, terquedad, porfía, varía en flexibilidad, elasticidad, lenidad, donde esa falta de consistencia en las razones, en las sentencias, en las demostraciones hacen erróneamente presumir, deducir, inferir, que lo vacío está lleno, que lo confuso está aclarado, que lo baladí está superado, adelantado, aventajado, dado que se rompe, se cercena, se escinde, o mejor dicho, se supone escindir, se supone cercenar, se supone romper la reinante desorientación, el aturdimiento dominante, el autoritario temor, como si fuera la primera y última vez que esto sucediera, como si fuera la última y la primera vez que esto pasara, como si fuera la primera y la última vez que esto franqueara, eso sí hasta que es suplantado, de nuevo, hasta que es falsificado, otra vez, hasta que es seducido, renovadamente, por esa fuerza, que no es fuerza, por esa fuerza que no impulsa, que no induce, que no incita, pero ocasiona, pero provoca, pero suscita que las cosas se den, que las cosas se sucedan, que las cosas se produzcan, repetidamente, disciplinadamente, ordenadamente, siempre en correspondencia con su deseo, siempre en pertenencia con su pretensión, siempre en incumbencia con su inclinación, que en ese momento, en ese periodo, en ese espacio dicte, norme, regule, como pasos, como marchas, como movimientos, como cadencia, como compás, de espera, de expectativa, de acecho, donde la ignorancia de lo que ocurra, ocurre, donde el desconocimiento de lo que pase, pasa y ¡pesa! donde la incomprensión de lo que transite, transita, ya sea como sobresalto, ya sea como desorientación, ya sea como desconcierto, por ello la imperiosa necesidad de cubrirse, por ello la autoritaria exigencia de taparse, por ello la indiscriminada obligación de protegerse, tratando de articular lo inarticulado, de posibilitar lo imposible, de prolongar lo perecedero; es decir, no perder el sentido de lo que se trata, hacer negocio, no extraviar la lectura de lo que se impone, ganar dinero, no traspapelar la lección de lo que se enseña, sin límite, a fin de conjurar todo lo que no simpatice con eso, con ello, con esto, mediante la tipificación de un no-negocio, de una no-ganancia, de un no-ilimitado, a fin de que se traduzca, se establezca, se escriba de igual manera, se lea de igual forma, se entienda de igual modo, o se está dentro, o se está fuera, de la ganancia, de la utilidad, del interés, más no, ni adentro-afuera, ni mucho menos afuera-adentro, aunque, todo el tiempo, constantemente, esto se verifique, esto se confirme, esto se demuestre, lo que se gana por un lado, se pierde por el otro, en reciprocidad, en corresponsabilidad, en dependencia, entre una y otra, entre otra y una, donde la supuesta separación, donde la supuesta disociación, donde la supuesta partición cae por los suelos, estalla por los aires, se hunde por las aguas; así de simple, así de complicado, sin ruptura, sin quiebre, sin hendidura, pero con acomodo, con encauce, con relieve, con todo no-eso que se restituye, con todo no-aquello que se repone, con todo no-esto que se renueva, invariablemente, infaliblemente, inevitablemente, porque es restitución en acción, es reposición en movimiento, es renovación en juego, es espacio, es horizonte, es extensión, en esparcimiento, como marea, como corriente, como torrente, donde el intercambio es intra-reemplazo de lo análogo, de lo similar, de lo afín, de lo que no es sinónimo, pero tampoco antónimo, sino de lo que es equivalente en las diferencias, de lo que es diferente en las equivalencias, del referente, referido y por referir, de lo conveniente, del mercado, de eso, en específico, que deja hacer y deja pasar, de eso que deja tener, de eso que deja ser, desistiendo de ser-lo, de eso unario, de eso que provoca, que excita, que suscita la circulación, la variación, la animación, de entidades, de colectividades, de subjetividades, que como , como yo, encuentran su influjo, su dirección, su desvarío, en la materialidad, en esa utilitaria mortandad, de la supuesta originalidad…
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